Hace unos días hemos conocido cómo un futbolista internacional, el portugués Anthony Lopes, portero del Oympique de Lyon, ha sufrido una sordera traumática mientras se disputaba el partido de la Liga de Francia entre su equipo y el Metz.

La sordera se produjo como consecuencia del estallido de un petardo, lanzado por uno de los espectadores, cerca de su cara.

El portero sufrió una súbita pérdida de audición así como vértigos que le obligaron a abandonar el terreno de juego y a requerir asistencia médica.

Afortunadamente, según los medios de comunicación que se han hecho eco de esta barbaridad, el futbolista no ha sufrido daño en los tímpanos y podrá recuperar la audición pasados unos días.

Petardos y cohetes

La exposición al ruido de corta duración y gran intensidad (explosiones, disparos de armas de fuego) puede producir como manifestación aguda una pérdida repentina de la audición o un trauma acústico.

Aunque no existen muchos estudios sobre el peligro para la audición que suponen los cohetes y petardos, sí  hay abundantes informes científicos relativos al ruido de armas de fuego, cuyas conclusiones pueden extrapolarse a los primeros, debido a las similitudes acústicas de ambos tipos de detonaciones.

Según leemos en el artículo de Federico Miyara, Ingeniero Electrónico por la Universidad Nacional de Rosario, “el ruido asociado a cualquier explosión se caracteriza por ser de tipo impulsivo, lo cual significa que su duración es extremadamente corta. En el caso de los petardos, esta duración puede ser tan pequeña como una centésima de segundo.

El oído está provisto en forma natural de un mecanismo protector que reduce la transmisión de los sonidos más intensos hacia las delicadas células del oído interno, pero actúa después de unos diez centésimas de segundo, por lo cual es ineficaz frente al ruido de los petardos.

Por este motivo, el sonido de la detonación, que puede alcanzar los 160 decibelios, puede llegar casi inalterado al oído interno, sacudiendo violentamente las delicadas células ciliadas (las responsables directas e insustituibles de la percepción del sonido).

Lesiones irreversibles

El ruido al que se somete al oído deja lesiones inmediatas e irreversibles. En principio no tienen por qué suponer la pérdida total de la audición, pero sí queda alterada la percepción de los detalles más finos. Además, la lesión se irá agravando con el paso de los años.

Otra complicación que se puede producir son los acúfenos. Suelen surgir inmediatamente después de la detonación y, aunque pueden desaparecer con el tiempo, en ocasiones permanecen con mayor o menor intensidad.

Desde Audiocentro recomendamos tener mucha precaución a la hora de manipular petardos y cohetes y acudir al especialista ante cualquier molestia en los oídos.

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